«El juez investigará a varios docentes por no evitar un caso grave de acoso».


Jueves 17 de abril de 2008
por  Cuadernalia
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Es la primera vez que el Juzgado de Menores encarga deducir testimonio a unos profesores por una presunta omisión de socorro por un asunto de ’bullying’

(Fuente: Ángel Robles, El día de Cordoba.)

El Juzgado de Menores de Córdoba encargará en los próximos días una investigación para aclarar si unos profesores del colegio Gran Capitán cometieron algún delito al no evitar que un alumno fuera objeto de acoso y burlas por parte de sus compañeros. Se trata de la primera vez que en Córdoba unos docentes se enfrentan a una investigación judicial por un caso probado de bullying por el que dos menores han sido ya condenados a ocho fines de semana de permanencia en un centro de reforma y un tercer implicado a 70 horas de trabajos en beneficio de la comunidad. La sentencia del Juzgado de Menores fue recurrida ante la Audiencia por la defensa de los jóvenes, aunque el máximo tribunal de Córdoba también considera probado el acoso.

Una vez que la resolución es firme, el juez de Menores, Luis Rabasa, encargará en los próximos días al juez de Guardia que deduzca testimonio a los docentes por un presunto delito de omisión del deber de socorro. En su resolución, Rabasa ya criticaba la actitud de la dirección del centro, ya que en lugar de incoar el expediente disciplinario pertinente«se limitó a decir a la madre que cambiara de centro al menor». El juez abundaba en su resolución -dictada el pasado mes de noviembre- en el hecho de que parte del profesorado podría haber incurrido en responsabilidad penal por un posible delito de omisión del deber de socorro y recordaba que la madre de la víctima habló en varias ocasiones con la dirección del centro, que «no adoptó medidas».

Las vejaciones se produjeron durante el curso 2005-2006. La víctima, de 12 años, iniciaba primer curso de la ESO en una nueva clase, aunque algunos de sus compañeros le dieron la bienvenida con mofas y burlas. Los gritos de «gordo», «maricón», «capullo», «tonto», «gilipollas» o «subnormal» eran habituales en los pasillos; los condenados, además, aprovechaban los cambios de clase o el tiempo de recreo para «golpearle» y darle empujones y collejas «sin que nadie le defendiera». La víctima tuvo que ser ingresado en una unidad psiquiátrica.





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